Estudiante Bonaventuriano ganó concurso de cuento “Antioquia Reimaginada 2020”
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    Estudiante Bonaventuriano ganó concurso de cuento “Antioquia Reimaginada 2020”

    Estudiante Bonaventuriano ganó concurso de cuento “Antioquia Reimaginada 2020”

    Germán Enrique Junior Rodríguez Villada, de primer semestre del programa de Licenciatura en Humanidades y Lengua Castellana, obtuvo el primer puesto en la categoría juvenil del concurso de cuento “Antioquia Reimaginada 2020”, con el relato: Se murió mi madre.

    Antioquia Reimaginada es un concurso que invita a las comunidades del departamento a plasmar, en máximo 500 palabras, la vida en sus territorios. La primera versión tuvo lugar en el año 2020 por iniciativa de la Caja de Compensación Familiar de Antioquia – Comfama.

    El concurso promueve la creación literaria de personas comunes y corrientes, para difundir masivamente los cuentos mejor logrados.

    Germán Villada es oriundo de Montebello y se enteró del concurso gracias a la Casa de la Cultura del municipio. “Pensé en la historia durante dos días, pero sin plasmarla. Luego, la empecé a escribir y se la enseñé a un amigo al que le gustó mucho. No pensé que fuera a ganar y, por eso, fue una gran sorpresa para mí”, afirmó.

    Agregó además que: “Lo que me inspiró a escribir el cuento fue una realidad latente que no había sido contada desde mi municipio de Montebello, ubicado en el suroeste antioqueño. Vi una oportunidad de escribir algo aprovechando el concurso y aunque era muy cercano a los libros, no se me había ocurrido escribir antes un cuento”, concluyó.

    A continuación, podrá leer el relato completo:

    Se murió mi madre

    Mamá murió ayer, y su cuerpo todavía está en la sala; ya huele mal, pero no hay de otra, no hay dinero. En la mañana fui a la funeraria y nadie quiso hablar conmigo, alguien más me dijo que ahí no querían a la gente como yo. No sé a qué se refería con eso, yo soy igual a todos, solo tengo la ropa más sucia y los bolsillos totalmente vacíos.

    Llegué temprano del trabajo y de inmediato, entré a la cocina, no había nada, y de a poco me iba acostumbrando a tener hambre.

    Vivimos entre montañas y aquí no hay tiendas ni supermercados, vivimos tan lejos que ir de vez en cuando al pueblo, es todo un privilegio, y uno se pone su mejor ropa para que nadie lo mire, o lo mire con desprecio por ser, como ellos dicen: «un pobre campesino».

    Como decía, ya acostumbrado al hambre, fui a buscar a mamá. En la mañana tuvimos una fuerte discusión, y yo, con más ira que razón, le deseé la muerte y me fui sin despedirme. Toda la tarde pensé en ella, era buena y realmente me quería. Su único delito fue haber nacido pobre. Yo la culpaba, claramente, por ser quien soy y no ser otro, uno menos campesino y menos pobre. Desde que mamá murió, lo único que siento realmente mío es la tristeza. La misma que está conmigo desde que vi a mi madre sentada en la mecedora, con la mirada perdida en un infinito que nadie conoce.

    Yo no quise aceptarlo, y la tomé por el brazo e intenté levantarla. Después le grité como nunca y en un intento todavía más desesperado, le besé la boca, ya fría de tanta muerte. Aquí no hay mucho que contar, todo en estas tierras se puede resumir en coca, guerrilla y ausencia. Sí, ausencia de los sueños, ausencia de uno mismo. Mamá me dijo que antes de la coca, aquí había café, y a mí me gusta ese recuerdo, aunque no sea mío.

    No tengo otra opción, me pondré mi mejor ropa: unas botas gruesas, una camisa roja manchada en el cuello y un pantalón con agujeros en las rodillas. Y con más necesidad que vergüenza, me iré a mendigar para pagar el funeral de mamá.

    Todas las noches lloro en silencio, claro, por el miedo a que algún guerrillero camuflado con fusil ruso, venga a matarme sin razón alguna. Aquí la gente calla, allá la gente ignora. Todo aquí es un olvido o un silencio.

    Yo aprendí a leer y a escribir en la escuela; ahora en esa misma escuela aparecen pedazos de cuerpos, cuerpos que nadie reclama.

    Ya no iré por el dinero, voy a enterrar a mamá en el patio que, pensándolo bien, también es un cementerio.

    Autor: Junior Rodríguez Villada
     
    Finalmente, indicó Junior que el dinero obtenido lo destinó para sufragar la matrícula del primer semestre en la Universidad, donde espera fortalecer las competencias en lecto-escritura ya evidenciadas en el citado escrito.

    Fuente: Redacción Boletín Hay Noticia
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